Hasta siempre Maestro…
Importante es detenerse a rendir homenaje a aquellos que han ayudado a dotar de sentido nuestras vidas y no como sujetos individuales, sino como sujetos colectivos de esta gran Patria, Venezuela. Sobre todo porque somos aquello que creemos y reconocemos, partiendo de un proceso identitario y cultural.
Conocí el Sistema Nacional de Orquestas Infantiles y Juveniles desde muy joven, y me interesé no solo por su propuesta musical que me permitió acceder a formación musical de calidad en un lugar remoto del país, sino por su planteamiento social, que pude experimentar a través de la inclusión de sectores desasistidos de la población en un programa orgánico de formación, dotando no solo de un oficio a muchos jóvenes y niños desde temprana edad, sino de una motivación a la superación.
Sentí, no me contaron, siendo solo una niña la incontenible emoción de formar parte de algo muy grande, de esa conjunción armónica con muchos otros compañeros y compañeras, que derivaba en ese acto de realización sagrada que se alcanza cuando la música emerge y se funde en esta atmósfera expectante de la audiencia en una gran masa energética que nos envuelve, mágicamente nos posee, y nos recuerda que solo valemos en función a un todo que es superior a nosotros mismos, y que solo se logra a través de una conexión emocional y espiritual incontrolable.
Siempre fue evidente el acompañamiento constante del Maestro José Antonio Abreu, con vocación de misionero, hacia los miles de niños y niñas que conforman el “Sistema”, y respetando las ambivalencias inherentes a la subjetividad humana, necesario, más que reconocer, es honrar, su labor pedagógica incansable e inspiradora para la construcción de ese gran Proyecto que es el Sistema Nacional de Orquestas y Coros Infantiles y Juveniles de Venezuela.
José Antonio Abreu, el Maestro, un ser humano que tuvo la capacidad de construir un modelo exitoso de transformación social trascendente a pesar de los vaivenes políticos, económicos y sociales de Venezuela, con más de 40 años de trabajo ininterrumpido, en un país en el que existen muchas maneras de hacerse millonario sin la necesidad de dedicar una vida en la construcción de algo perdurable y de beneficio social.
Un ser humano, que no solo revivió la música clásica europea sino que la sacó de la vitrina de la exclusividad para dotarla de un significado emancipador de redención social. Muchos han criticado el eurocentrismo de esta propuesta, pero para lograr el reconocimiento mundial debes probarte en lo que las instancias de legitimación del sistema reconocen, y así lo hizo, logrando el respeto internacional de Venezuela en un ámbito impensable.
No limitándose allí, brindando, junto con el Estado venezolano, la oportunidad de formación en materia musical a gran cantidad de niños y jóvenes, no de manera amateur sino con grandes niveles de especialización, recuperando la dignidad de una profesión musical históricamente devaluada.
Pero más que eso, fue un estudioso apasionado de la “armonía” en toda la amplitud de su significado filosófico, político y musical; incansable constructor de los necesarios equilibrios para la evolución social, lo cual solo fue posible a través de su aplicación en la praxis cotidiana para la resignificación de espacios y conceptos culturales, en el reconocimiento de la cultura como un elemento integrador, un patrimonio común en donde nos encontramos todos.
Muchas vidas de jóvenes y niños fueron transformadas e inspiradas por su ejemplo visionario, junto a esa extraña cualidad que le permitía potenciar en las personas lo mejor de sí, a través de su implacable persistencia y su optimismo inagotable, esa manera iridiscente de ver el mundo a través del sutil velo de la música.
Otros de corta visión, han pretendido reducir su significado al de un hombre de grandes habilidades que “supo acomodarse” a las condiciones políticas del momento, para obtener un beneficio político para su Proyecto; a las que sería prudente decirles cuán equivocados están, juzgando al mundo por lo que ellos son, y preguntarles, ¿Es acaso pecado ser una figura generadora de consensos y armonía? ¿Y es que acaso los niños y niñas de nuestro país no valen que estemos por encima de maniqueísmos políticos? Hacerlo, sería reducir de nivel discusiones que son esencialmente de carácter filosófico.
He allí donde también debemos reflexionar sobre qué es lo que hace a un país grande, qué es lo que puede hacer que un Proyecto sea exitoso y trascendente, lo cual sin duda alguna tiene con muchos factores que han estado presentes en la construcción del Sistema para garantizar su resiliencia, y la prevalencia de un fin supremo que en nuestro no debe ser otro que brindar la mayor suma de felicidad social y la máxima estabilidad política para nuestro pueblo.
Es muy fácil desde la nada absoluta, desde el “suplicio de los dos puntos”, pararse a observar las grandes obras y criticarlas, sin detenernos un momento a analizar el balance final de las mismas, más allá de los inertes números; sin escudriñar en la manera cómo estas han contribuido con el cumplimiento de los fines esenciales de la Patria, valiendo al menos la sonrisa y el palpitar emocionado del corazón de más de 750 mil niños y jóvenes de cada rincón de nuestra Patria.
La filosofía de la armonía del Maestro José Antonio Abreu, tuvo como resultado una conjunción de voluntades que potenciaron exponencialmente las capacidades de superación de nuestro pueblo, y lo orientaron hacia lo grande, lo hermoso y lo posible; constituyéndose no solo en un modelo exitoso de inclusión social, sino también un modelo exitoso de municipalización de la educación musical, y de territorialización de la cultura, en regiones históricamente abrumadas por la pobreza y la violencia.
Es mucho lo que queda por hacer…
“El Sistema” más allá de ser un “producto final” es un experimento social en constante transformación, con un nivel de alcance territorial muy significativo que nos permite entender a escala, la dialéctica integral de nuestro pueblo en los distintos sectores socioeconómicos, y las distintas capas de la sociedad.
Actualmente existen más de 426 núcleos repartidos en todos los estados del país, lo cual da más de un núcleo por municipio; además existen más de 1340 módulos de enseñanza, más de 1210 orquestas y 372 coros juveniles.Por eso es justo detenernos y guardar silencio frente a alguien de significado inconmensurable para nuestro pueblo, agradeciendo desde la nada y el todo, desde las particularidades y generalidades, el haber dedicado su vida en la construcción de este Proyecto.Grande fue su concepción sociológica del arte y particularmente la música, en el entendimiento de sus facultades para el proceso de evolución espiritual y social de los pueblos, en contraposición a la visión elitista y exclusiva para la satisfacción de los egos, que ha predominado históricamente.
A partir de ahora es solo nuestra responsabilidad exclusiva, la el fortalecimiento de su visión y su obra, que lo sepamos entender y actuemos en consecuencia, evitando así la pérdida de los valores fundamentales que constituyen su legado para la conservación de estructuras vacías en beneficio de algunos pocos.

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